¿Por qué nos distraemos continuamente?

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Nuestra capacidad de atención es limitada y, con alta probabilidad, no somos capaces de mantenerla más de dos minutos en una misma tarea sin que nuestra mente se aparte de ella para atender otras cosas. Nuestro smartphone, unas visita rápida a las redes sociales, cualquier excusa parece buena para dejar lo que tenemos entre manos y descansar la mente en algo más agradable. ¿Por qué sucede esto?

Si combinamos el atractivo de las redes sociales (por poner un ejemplo) con la inmediatez del smartphone y las nada sutiles notificaciones, tendremos el caldo de cultivo para rendir cada vez menos en el trabajo. Nuestra productividad se verá reducida y la jornada laboral será cada vez menos provechosa.

Realizar tareas ligeras y poco complejas como revisar el correo o las redes sociales (en el caso de que nuestro trabajo implique consultar las redes sociales), elaborar un calendario de actividades o hacer facturas no nos cuesta mucho. Son cosas que hacemos de manera casi automática, que no requieren concentración y tampoco mucho esfuerzo. Sin embargo, cualquier tarea que nos haga sacar lo mejor que tenemos dentro, que nos obligue a esforzarnos y que no sea “agradable” o “entretenida”, implica un esfuerzo cognitivo importante.

Concentrarse en una tarea y evitar las distracciones es algo que nos exige esfuerzo y una gran fuerza de voluntad. En muchos casos tenemos que ser conscientes de que nos empezamos a distraer y que, por tanto, debemos volver a nuestra tarea, desechando esa distracción. Si no realizamos ese acto consciente de “reenfoque” en la tarea, conseguiremos caer en una de esas falsas tareas como revisar el correo, revisar los perfiles sociales, echar un vistazo al periódico o “jugar al buscaminas”, aunque esto último englobaría cualquier juego sencillo, más actual.

La parte de nuestro cerebro que busca el placer suele ganar con facilidad a la parte que se dedica a tareas más serias. La recompensa inmediata es mucho mayor si nos dedicamos a tareas placenteras, nada productivas, que si realizamos nuestro trabajo sin caer en ninguna tentación. Sin embargo, la recompensa a largo plazo de realizar el trabajo más duro con buena letra es más satisfactoria que la recompensa inmediata de leer el periódico. El problema radica en que la “recompensa buena” llega más tarde y después de haber hecho el esfuerzo.

Como nuestra parte consciente (en realidad es el córtex prefrontal) se activa de forma consciente, y la parte del cerebro dedicada al ocio y el placer es inconsciente, si no entrenamos bien a la primera, la segunda ganará de manera sistemática. De ahí vienen la mayoría de las técnicas de concentración, de enfoque, de productividad: rechaza conscientemente las distracciones para entrenar a tu “yo” más responsable y productivo.

Algunos “trucos” para rendir más y mejor en el trabajo incluyen lo siguiente (aunque ya te anticipamos que has de poner voluntad):

  • No dejes para mañana lo que debas hacer hoy, o lo que es lo mismo: ponte ya a hacer esa tarea compleja, difícil o poco atractiva porque cuando antes empieces, antes terminarás.
  • Divide la tarea en pequeñas subtareas más asequibles, rápidas, sencillas o atractivas. Este es uno de los consejos más viejos que existen, pero es tremendamente efectivo para conseguir avanzar en tareas poco agradables. También se puede entender como un refrán: divide y vencerás.
  • Date una recompensa por el trabajo realizado, y no te flageles en exceso si has caído en la tentación. Trata de corregir tu tendencia a la distracción de manera consciente, pero no te castigues demasiado si has cedido al principio. Esto es una carrera de fondo, si perseveras en el objetivo a largo plazo (entrenarte para evitar las distracciones), vencerás.

Vía | Magnet

Etiquetas: Productividad

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