Invertir en renta fija tiene estos riesgos, ¿los conocías?

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Invertir conlleva siempre un riesgo, que es mayor o menor dependiendo del tipo de producto que utilicemos y de sus características. Por tanto, es una creencia errónea pensar que invertir en renta fija nos asegura beneficios y que cualquier producto de inversión conlleva riesgo. Este “peligro” es menor que en otros productos, pero nunca es nulo y por eso debemos saber cómo invertir ya sea en renta fija o en renta variable.

Qué son los títulos de renta fija y cómo funcionan

Los títulos de renta fija, o bonos, son préstamos a nombre del emisor. Este emisor puede ser el gobierno, que emiten bonos para financiar gasto público, o empresas, que los emiten para financiar su actividad.

Cuando adquirimos un bono, sabemos de antemano la rentabilidad periódica, o cupón, que va a tener durante su “tiempo de vida”. Es decir, sabremos los intereses que vamos a cobrar en cada período.

Por ejemplo, si adquirimos un bono de 10.000 euros con un vencimiento a tres años y un “cupón” del 3,5%, cada año percibiremos 350 euros. Al vencimiento, además del cupón recuperaremos los 10.000 euros invertidos. Esta es la teoría, y dependiendo de lo que decidamos hacer y de otras variables, correremos más o menos riesgo de recuperar lo invertido.

Riesgos de la renta fija

El mayor error al invertir en renta fija es asociarla con una garantía del pago. Renta fija se refiere a que conocemos de antemano la rentabilidad del producto en el plazo estipulado, pero esto no implica que haya una seguridad del 100% de que recibamos los pagos de intereses, ni tampoco de que recuperemos la inversión.

El riesgo principal de la renta fija es el impago: si el emisor del bono no puede pagar los intereses y devolver el capital. Antes de invertir podemos conocer el rating de determinado bono, o lo que es lo mismo, su nivel de riesgo. Cuanto mejor es el rating, menor es el riesgo y por tanto, menor es la rentabilidad del bono.

Otro riesgo importante es el riesgo de mercado. Imaginemos que adquirimos un bono de 1.000 euros con una rentabilidad del 5% a un vencimiento de dos años, pero necesitamos liquidez antes de dicho vencimiento y queremos venderlo, pongamos a los doce meses de comprarlo.

Si en ese momento los tipos de interés son mayores que en el momento de compra (por ejemplo, el 6%), el valor del bono se habrá devaluado: si vendemos en ese momento, el valor será menor (o lo que es lo mismo, nos ofrecerán menos dinero por el bono). La razón es simple: estaremos poniendo a la venta bonos al 5%, ¿quién adquiriría dichos valores si podría invertir el mismo importe y recibir un 6%? Esa es la razón por la que no recuperaremos los 1.000 euros iniciales, sino algo menos.

El otro gran riesgo de la renta fija es el de liquidez: que en el momento en que queramos recuperar la inversión no encontremos comprador para los valores y no se pueda hacer efectiva esa venta.

Y existen riesgos más específicos, aunque los tres principales son los ya mencionados. Como vemos, la inversión en renta fija no nos asegura nada más que el porcentaje de interés al vencimiento, ya que o bien el mercado, o bien el emisor pueden hacer que los precios de los bonos varíen hasta el punto en que podríamos perder toda la inversión.

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