Conducción y drogas, último estudio de Fundación MAPFRE sobre comportamientos de riesgo al volante

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En los últimos años, España ha experimentado un fuerte descenso en el número de accidentes de tráfico y fallecidos en todos los grupos de edad, en especial, entre los jóvenes. Concretamente, en 2014 el colectivo donde se registró un mayor descenso de accidentes fue el comprendido entre 25 y 34 años, reduciendo su siniestralidad en un 17%. Sin embargo, a pesar de estas cifras alentadoras, aún se siguen dando comportamientos al volante que provocan situaciones de riesgo y que son parte esencial de la siniestralidad vial como, por ejemplo, llevar un velocidad inadecuada, las distracciones al volante por uso de dispositivos móviles, la ausencia de medidas de seguridad o el consumo de alcohol y estupefacientes.

En este sentido, Fundación MAPFRE y Fundación de Ayuda Contra la Drogadicción (FAD) han presentado el estudio “Conducción y Drogas. Factores subyacentes a los comportamientos de riesgo” con el fin de analizar detalladamente y de manera cuantificable lo que los jóvenes piensan y perciben sobre estos riesgos asociados a la conducción.

Dicho estudio es el resultado de 1.000 encuestas realizadas a jóvenes de entre 16 y 30 años. Uno de los datos obtenidos más relevantes ha sido la afirmación por parte de muchos encuestados de que, a pesar de no haber conducido en los últimos 6 meses bajo los efectos de sustancias, sí que ha conducido alguna vez bajo los efectos de las drogas, cerca del 36% en el caso del alcohol y sobre un 10% en el caso del cannabis, cocaína y otro tipo de drogas. Destaca el hecho de que muchas de estas respuestas proceden de hombres de entre 25 y 30 años que trabajan o compaginan estudios y trabajo, que residen en entornos rurales, y que son conductores habituales.

Este informe también saca a la luz otros datos preocupantes relacionados con los pasajeros ya que 6 de cada 10 encuestados afirma haber viajado en los últimos 6 meses en un coche cuyo conductor había consumido alcohol, y más del 30% declara haberlo hecho en un vehículo cuyo conductor había consumido porros, cocaína y pastillas, entre otras sustancias. Destaca el hecho de que para un pequeño porcentaje, (el 1-4% de los jóvenes) este tipo de comportamientos son lo “habitual”.

Libertad, autonomía y placer

Esto es lo que siente la mayoría de jóvenes cuando conduce, una actividad que disfrutan y en la que se consideran responsables. Esto no implica necesariamente la asociación de estas sensaciones con situaciones de riesgo pero es cierto que existe una minoría que apuesta por maniobras más “adrenalínicas” olvidándose de toda precaución.

En general, los encuestados se consideran buenos conductores: 7 de cada 10 afirma serlo (fundamentalmente hombres) y 6 de cada 10 se considera mejor o mucho mejor que el resto de conductores al volante. Los adjetivos que más emplean para definir su modo de conducir son tranquilos (48,2%), hábiles (43,9%) y respetuosos (41,4%). Sin embargo, es importante señalar que este “subidón” de autoestima puede facilitar comportamientos imprudentes bien por un exceso de confianza o bien por negación de los propios límites personales desembocando en exhibicionismo peligroso.

Sin embargo, el comportamiento real al volante está muy lejos de esta teoría. A pesar de que la postura oficial que muestran los encuestados es la de descartar absolutamente los comportamientos arriesgados, la realidad es bastante diferente ya que sustancias, consumo y conducción, lejos de estar disociadas como ellos parecen afirmar, aparentan tener fuertes vínculos.

La peligrosa normalización del consumo de alcohol y drogas al volante

Este informe señala también que una parte de los jóvenes relativiza el consumo de alcohol como factor de alto riesgo (solo un 13,6% de los encuestados cree que esta sustancia aumenta algo el riesgo) y que los amigos ven normal que se beba o consuma drogas aunque se tenga que conducir (17,5%). El estudio también pone de manifiesto la actitud “arrogante” de algunas minorías significativas que no solo afirman saber lo que se puede consumir y cómo contrarrestar los efectos de este tipo de sustancias, sino que también se muestran seguros de sus límites y creen que por ello no es necesaria la abstención absoluta.
Terminar con unos últimos datos significativos: el 42,1% de los jóvenes que bebe alcohol a diario y el 14,9% de los que lo hace frecuentemente, considera que el riesgo de sufrir un accidente se incrementa dependiendo de la cantidad que se ingiera o, incluso, que apenas aumenta. En relación a los consumidores de cannabis, esa misma percepción se produce en el 42,9% de los que consumen esta sustancia frecuentemente, y en el 26,7% de los que lo consumen a diario.

Foto | State Farm

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