¿Qué prácticas habituales en el confinamiento deberían mantenerse para reducir la contaminación?

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La variación de nuestras costumbres debida al  confinamiento provocado por la pandemia de Covid-19 durante casi tres meses no solo ha afectado a las personas, sino también al medioambiente.

En los informativos de todo el mundo se han podido ver noticias que reportaban el drástico descenso de la contaminación, especialmente en los grandes núcleos urbanos. Esto era debido al acusado descenso de los desplazamientos en vehículos motorizados y a una menor producción de índole industrial.

Los datos no mienten

No solo era una percepción: la mejor calidad del aire se podía constatar además de por unos cielos mucho más claros, por las cifras que se han obtenido en los dispositivos instalados en las urbes para controlar la emisión de gases contaminantes.

En este sentido, entre los días 13 de marzo y 13 de abril, según la Agencia Espacial Europea (ESA) los índices de concentración de dióxido de nitrógeno descendieron alrededor del 45% en Madrid, Roma y Milán, mientras que en París esa cifra llegó hasta el 54%.

En el caso de las ciudades españolas, según el informe “Efectos de la crisis de la COVID-19 en la calidad del aire urbano en España” de la ONG Ecologistas en Acción, los niveles de NO2 experimentaron una caída del 58%, lo que ha significado una importante mejora en la calidad del aire.

Esta ha sido de tal magnitud en todos los lugares en los que ha habido confinamiento, que incluso se espera que la cosecha de miel se duplique, ya que las abejas han podido polinizar mejor que años anteriores, debido a que el exceso de contaminación les suele dificultar su labor.

Medidas tomadas

Esa nueva realidad ha provocado que hayamos variado nuestros hábitos, tanto laborales como de consumo, lo que en buena medida ha ayudado a ese descenso de la contaminación. Obviamente, una vez que se está llevando a cabo la desescalada y se retoma la vida “normal”, se prevé que los niveles de polución vuelvan a aumentar. Sin embargo, existen algunas prácticas adoptadas durante el confinamiento que podrían tenerse muy en cuenta por el bien del medioambiente.

Teletrabajo

La opción de teletrabajar se encuentra en la agenda de numerosas empresas y gobiernos, ya que aporta beneficios tanto a la conciliación laboral como al ahorro de energía. Es más, una estructura de teletrabajo bien definida reduciría el tráfico y los embotellamientos en las grandes ciudades. Eso redundaría en una menor emisión de gases contaminantes.

Y para ilustrarlo no hay más que referirse a las estimaciones que un informe de la Fundación Másfamilia arroja: si en la ciudad española de Barcelona el 40% de la población teletrabajara el 40% de su tiempo, se emitirían 332.843 toneladas de CO2 menos al año.

Así pues, si durante la fase de confinamiento, muchas empresas han constatado que es una práctica beneficiosa siempre que se lleve a cabo con coherencia (horas de trabajo, conexiones seguras…), cabe pensar que podría seguir potenciándose.

Alimentación

Otro de los hábitos que hemos adquirido ha sido el de cuidar mucho más la alimentación, tendiendo al consumo de productos frescos y de proximidad. Ya sea por la dificultad para acudir a grandes superficies o por tener más tiempo para planificar el menú (clave para desperdiciar menos comida), parece que la venta de frutas y verduras ha crecido, además de aquellos productos de manufactura local.

Este hábito que viene persiguiendo la ONU hace tiempo resulta sumamente beneficioso para el medio ambiente, habida cuenta que reduce la necesidad de transportar alimentos recorriendo distancias muy largas, fomenta la agricultura y el comercio locales y tiende a penalizar las grandes explotaciones agrícolas, algunas de ellas causantes de la deforestación de bosques y selvas.

Energía

Finalmente, aunque no se trata de un hábito adquirido durante la cuarentena, sí que se puede mencionar el empuje que deberían tener las fuentes de energía renovables. El confinamiento no solo ha servido para detener la pandemia, sino que, como se ha apuntado, también ha provocado unos niveles de contaminación menores.

Este hecho ha influido a ayudar a hacer frente al coronavirus, ya que según un estudio realizado en la Universidad de Harvard (Estados Unidos), la incidencia del virus es peor cuanto mayores sean los índices de polución. Y a esto hay que añadir que la Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que al año se producen 4,2 millones de muertes como causa directa de la contaminación atmosférica en todo el mundo.

De ahí que la apuesta por las energías renovables deba acrecentarse, puesto que solo de ese modo se lograrán salvar vidas y se frenará en la medida de lo posible el cambio climático.

Etiquetas: Sostenibilidad, Vida saludable

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