Los costes del cambio climático y la responsabilidad de empresas y ciudadanos

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El cambio climático y sus consecuencias son objeto de constante debate y de preocupación para muchos organismos y empresas. La subida paulatina de las temperaturas o el aumento imperceptible, pero imparable, del nivel del mar, son algunas de las consecuencias que más preocupan a los expertos. Sus efectos se notarán con el paso de los años, pero es probable que ya a finales del presente siglo se vean los daños físicos en el sur de Europa.

Los costes del cambio climático son muy elevados a nivel europeo. Se estima que, de seguir las cosas como hasta ahora, durante el último cuarto del siglo XXI los costes asociados al cambio climático alcanzarán un mínimo anual del 20% del PIB español, que es aproximadamente el 1,8% del PIB de la Unión Europea y que en euros suma 190.000 millones. En ese momento, se estima que la temperatura media global habrá subido unos 3,5 grados y sus efectos serán ya demasiado visibles y reales.

¿Qué puede hacer la sociedad para intervenir en el cambio climático? ¿Y las empresas?

Hay dos posturas posibles: actuar, o no actuar. En ambos casos habrá que afrontar los retos que surjan de la actual situación, que es fruto de la inacción del pasado (ya sea por ignorancia del problema real, o por intereses). No actuar no solo es la opción más desleal y más desarraigada, sino que además es la más cara. Unos 70.000 millones de euros anuales más caro que actuar desde ya mismo, para ser más exactos.

Actuar significa poner el foco en dos puntos principales y bastante globales: por un lado reducir las emisiones de CO2 de manera drástica, y por otro, hay que adaptarse, tanto los ciudadanos como las empresas deben volverse menos vulnerables. Esto representa un esfuerzo importante y no es nada fácil, pero es el momento de hacerlo.

¿Cómo puede una empresa adaptarse y contribuir a la vez a reducir sus emisiones? Manteniendo y fomentando políticas de responsabilidad medioambiental. Por ejemplo, la Subdirección General de Seguridad y Medio Ambiente de MAPFRE trabaja internamente con los empleados promoviendo la responsabilidad ambiental, la eficiencia energética de las sedes o el consumo adecuado de los recursos, así como la huella de carbono. Esto implica que cada empleado pone su granito de arena en actos cotidianos, en pequeños detalles, que agregados al nivel de empresa suponen un considerable ahorro energético y una reducción significativa de emisiones anualmente.

Si no se aborda la cuestión del Cambio Climático desde los tres frentes principales de la sociedad (administración pública, empresas y ciudadanía) será imposible el avance y el aporte de soluciones. Por suerte, muchas empresas ya son conscientes de que invertir en medio ambiente es rentable económicamente. Y también es rentable para los ciudadanos. Estos últimos tienen una responsabilidad particular, también, y pueden realizar sus propias acciones para garantizar la sostenibilidad medioambiental.

Por ejemplo, cualquier ciudadano puede contener el despilfarro que supone adquirir productos que se usan relativamente poco (o nada), pero que se compran igualmente (y todos tenemos ejemplos en casa de objetos que compramos, pero que o bien no necesitamos, o bien solo utilizamos unos pocos minutos al año, como por ejemplo una caja de herramientas completa). En ocasiones podemos pensar que se está llegando tarde para contrarrestar los altos niveles de gases de efecto invernadero, como por ejemplo en el caso de los coches.

Está claro que un coche tiene unas emisiones contaminantes determinadas (se determina el mínimo, por otra parte). Para cualquier ciudadano la pregunta ante la compra de un coche no debería ser si lo va a comprar diésel, gasolina, híbrido o eléctrico. La pregunta fundamental debería ser, “¿necesito el coche?“. Ese sería el camino óptimo para llevar a cabo una revolución en el consumo individual y apostar fuerte por el medio ambiente.

Foto | Jacinta Lluch

Etiquetas: Cambio climático, Huella de carbono, Medio Ambiente, Sostenibilidad

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