Cómo invertir en renta fija y en renta variable

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La inversión es un terreno delicado para muchas personas. Se tiende a equiparar inversión con ahorro, cuando en realidad no es lo mismo y cada opción tiene sus pros y contras. Podemos decir que ahorrar es conservar un dinero en el tiempo, mientras que invertir implica una vocación de riesgo.

Es decir, invertimos capital con la esperanza de conseguir plusvalías, pero asumiendo el riesgo de que, al final, perdamos dinero. La cuantía de la pérdida dependerá, a grandes rasgos, de si invertimos más o menos en productos con mayor o menor riesgo. ¿Cómo invertir en renta fija y en renta variable?

¿Qué son renta fija y renta variable?

Partimos de una premisa muy sencilla: toda inversión conlleva el riesgo de que perdamos capital a lo largo de un período de tiempo, ya sea en unos meses o en algunas décadas. Se suele decir que el inversor en renta fija es un inversor conservador, aunque sería más correcto decir que tiene un perfil de riesgo bajo: no quiere jugarse su dinero.

La CNMV lo avisa bien claro:

Una de las creencias erróneas más extendidas es pensar que invertir en renta fija es invertir sin riesgos. Cualquier producto de inversión contiene riesgo en mayor o menor medida.

Por tanto, el inversor debe informarse siempre de los posibles riesgos y la letra pequeña entes de poner su dinero en cualquier activo de renta fija. Se llama renta fija porque conocemos desde el principio la cantidad que nos van a pagar al final del plazo por el que lo contratamos. Visto así, la rentabilidad es fija desde la emisión del título hasta el vencimiento. Si vendemos nuestros activos de renta fija antes del vencimiento establecido (por ejemplo, si el vencimiento es a dos años, pero vendemos pasados doce meses), el interés (y la rentabilidad) será menor que si esperamos a que expire el plazo completo.

La renta variable se denomina así porque no sabemos qué rentabilidad nos vamos a encontrar durante el tiempo que estemos comprando los activos: puede ser una gran rentabilidad, pero también podemos sufrir pérdidas severas.

Qué hacemos entonces? Diversificando el riesgo

Históricamente, la renta variable proporciona las mayores rentabilidades. Es decir, arriesgamos nuestro dinero, pero en ocasiones podemos conseguir una buena rentabilidad. La renta fija proporciona una cierta seguridad a corto plazo, pero a costa de una rentabilidad mucho menor. Lo ideal es tener en cuenta dos cosas: diversificar las inversiones y tener en cuenta nuestro horizonte temporal.

Según sea nuestra edad y nuestra capacidad económica para invertir, así deberemos configurar nuestra “cartera de inversiones”. Inversores jóvenes y con capacidad pueden dedicar un porcentaje más alto de sus inversiones a renta variable, ya que disponen de más tiempo de recuperación si sucede un revés, y dedicar una parte menos importante a renta fija; inversores senior, con menos tiempo hasta su edad de jubilación, pueden preferir dedicar más porcentaje de inversiones a la renta fija que a la variable.

La mejor manera de encontrar nuestra estrategia ganadora en cuanto a inversiones es ponernos en manos de un profesional. Y, eso sí, tener presente que siempre, siempre, existe un riesgo, sea pequeño o grande.

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